2014, con el corazón y los ojos abiertos - Donaciones por transferencia o con Paypal

¿Hábito o costumbre?

De Seminario de Antropologia
Saltar a: navegación, buscar
Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

Por hábito en el lenguaje ordinario se entiende, usualmente, costumbre, moda, estilo, forma de vivir, posesiones físicas, disposiciones, rutinas, usos sociales, incluso manías, etc., es decir, algo así como un comportamiento adquirido a raíz de una repetición de acciones. Por eso es tan difícil perder las malas costumbres (ej. dejar de perder el tiempo ante la TV varias horas todos los días, comer en exceso, no levantarse a la hora, etc.). De ahí la importancia de no adquirir malas costumbres desde joven, pues después es mucho más penoso enfrentarse a ellas, e incierta la victoria. Empero, no todas las costumbres son malas, sino que las hay buenas y muy buenas (ej. pasear, hacer ejercicio, estar de tertulia con los amigos, etc.) y las hay un tanto indiferentes (ej., vestir de azul, verde o gris, tomar un tipo de refresco u otro, etc.). De las buenas podemos sacar virtudes en la voluntad, pero ninguna costumbre es un hábito de la inteligencia.

Por hábito de la inteligencia se entiende una perfección intrínseca, de índole inmaterial, adquirida en esta potencia que le permite a esta facultad conocer más y mejor. La inteligencia es susceptible de un crecimiento irrestricto merced precisamente a los hábitos. Como el crecimiento de la inteligencia no es arbitrario, sino sólo en una dirección, a saber, según la naturaleza de la misma y en orden a su fin, que es la verdad, los hábitos son el crecimiento en conocimiento de la inteligencia respecto de la verdad. Si el acto de pensar (en esto, en lo otro, o en cualquier asunto) no es material o físico, como tampoco lo es el objeto pensado en cuanto pensado (la idea), menos aún lo será un hábito cognoscitivo, que consiste precisamente en conocer al acto de pensar. Pensamos que pensamos o conocemos que conocemos. El primer “pensamos” o “conocemos” es un hábito; el segundo, un acto de pensar. O también: nos damos cuenta de que pensamos. Ese darnos cuenta es el hábito, el pensamos que pensamos, el saber que ejercemos actos de pensar.

El hábito dice relación, en primer lugar, a la facultad de la inteligencia, a esa parte de la esencia humana que es la potencia intelectual en el cual el hábito inhiere; pero dice orden también al acto, porque mediante la posesión del hábito se actúa mejor y con más facilidad. Los actos, pues, no son lo último de las potencias, porque sólo se explican en correlación con los hábitos. ¿Qué es, en definitiva, un hábito? En la inteligencia no puede ser más que una perfección cognoscitiva. ¿Cuál? La que nos permite conocer nuestros actos, es decir, conocer que conocemos. Asunto tan sencillo y evidente como lamentablemente olvidado. Como hay muchos actos de la razón y varias vías racionales, la conciencia es plural, es decir, los hábitos pueden referirse a varios campos de nuestros actos de pensar, no sólo al que uno desee, pues de lo contrario la conciencia se dislocaría.