2014, con el corazón y los ojos abiertos

¿Qué son las facultades sensibles?

De Seminario de Antropologia
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Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

En el Capítulo precedente hemos tenido ocasión de comprobar suficientemente que la distinción que se busca entre el hombre y los animales se da de modo claro en el cuerpo humano. En esta Lección proponemos descubrir la distinción atendiendo a las funciones y facultades sensibles. En la siguiente, la rastrearemos en las dos potencias espirituales humanas: inteligencia y voluntad. En la III Parte saldrá a relucir el carácter distintivo de lo humano respecto de los animales a raíz del estudio de las manifestaciones humanas. Y en la IV Parte, por último, atenderemos a lo que distingue al hombre de los demás seres vivos en cuanto que cada uno es una persona, esto es, teniendo en cuenta lo radical de cada hombre que lo constituye en un acto de ser distinto de los demás hombres. La vida que vivifica a un ser vivo es una, decíamos en el primer Capítulo, pero no se manifiesta por igual en todas las acciones o facetas del viviente. Se muestra distinta también en cada parte de su organismo. Ello implica que en el ser vivo existen unos principios que diversifican el único núcleo vital en sus manifestaciones, estando éstos, no obstante, en correlación con aquél. A tales principios de operatividad diversa se les denomina desde antaño potencias o facultades. Una potencia o facultad es una capacidad de obrar. Nótese que las facultades no son el sujeto último del obrar, sino el principio a través del cual obra tal sujeto. No es, en último término, la facultad la que opera, sino el sujeto a través de la facultad. No es, por ejemplo, la vista quien ve, ni la memoria quien recuerda, ni la razón quien entiende, porque ninguna facultad es un quién, sino que es, en último término, cada hombre quien ve a través de su vista, quien recuerda a través de su memoria, quien entiende a través de su razón, etc. En este sentido las facultades son instrumentos naturales de cada persona humana. En rigor, son los cauces diversos a través los cuales una persona acepta a las demás y al mundo y manifiesta algo de sí. Son, pues, para la aceptación y donación de la persona. Pues bien, en el hombre existen múltiples potencias o facultades, y la suma o la totalidad de ellas no se identifica con el alma o principio de la vida humana. El alma humana no se reduce a la totalidad de sus potencias, porque no es lo mismo la raíz de la vida que los diversos principios de obrar en que ésta se manifiesta. Si fueran lo mismo, el alma obraría siempre en todas sus facetas. Pero es claro que no sucede así. No siempre se está actuando. Por otra parte, en las potencias del alma existe un orden manifiesto, aunque no completo, entre unas y otras. Ese orden es jerárquico, siendo unas potencias superiores a otras. De modo que las inferiores nacen de las superiores y tienen a aquéllas como a su fin. No es, por ejemplo, el pensar para imaginar y éste para ver, sino a la inversa. Si la totalidad de las potencias fuera la misma alma o principio vital humano, la conexión, subordinación, orden, de unas y otras no tendría razón de ser, o sería accidental, pero es evidente que guardan relación ordenada entre ellas, y la relación que las une es de dependencia o subordinación de las inferiores respecto de las superiores. Con todo, el orden no es completo, pues caben "rebeldías" en las inferiores respecto de las superiores, y también "dictaduras" de las superiores respecto a las inferiores. Lo conveniente, en cambio, es que las superiores gobiernen a las inferiores como aconsejaba Aristóteles con imperio político, no despótico, y que las inferiores sirvan a las superiores no servil o mecánicamente, sino con docilidad. Las facultades o potencias no se reducen a los órganos. Aunque existe una estrecha relación entre ambos, no hay que confundir el soporte orgánico de la facultad con la facultad entera. Así, por ejemplo, la facultad de la vista no se reduce al ojo (más el nervio óptico y parte del cerebro), o si se quiere, la facultad no se agota en organizar los componentes somáticos de la visión (retina, córnea, bastoncitos, cristalino, uno de los pares craneales del bulbo raquídeo, etc.), sino que da para más. ¿Para qué? Precisamente para poder ver, o no ver, según los casos. Pero el acto de ver no es retina, córnea, bastoncitos, cristalino, etc., ni la suma de todos esos componentes, porque el ver no se ve, esto es, no es corpóreo, físico o biofísico, mientras que tales elementos sí lo son. Ello indica que la facultad es un sobrante de vida respecto de su función de vivificar su órgano. El acto de ver, por seguir con el aludido ejemplo, depende de lo que sobra de vida en la facultad de la vista que no se agota vivificando y organizando al ojo. A todas las facultades sensibles animales y humanas les ocurre lo mismo: además de vivificar su órgano, les sobra vida para realizar sus actos propios no orgánicos. Lo cual indica que la facultad es más que el órgano, y que sus actos no son orgánicos. Si todas las facultades sensibles tienen esa constitución, ¿qué las diferencia entre sí?, ¿acaso el órgano? No sólo ni principalmente, porque el órgano es pasivo, pues recibe la activación de su facultad. De modo que la raíz de la distinción entre las potencias o facultades debe estar en ellas mismas más que en sus órganos. En efecto, las potencias sensibles se distinguen entre sí precisamente por la medida de ese sobrante o más de vida que salta por encima de las necesidades orgánicas. Unas potencias son más que otras en la medida en que aquél principio que organiza y vivifica el órgano sobrepuja respecto de su papel de estructurar, vivificar, u ordenar lo orgánico. En la medida en que tal principio dé para más, es decir, en que sobre con relación a la ordenación corpórea de su soporte orgánico, una facultad es superior a otra. A ese añadido se puede llamar filosóficamente "sobrante formal" , e indica que hay más causa formal que la que se emplea informando una causa material. Potencias o facultades son, pues, los principios próximos potenciales de las diversas operaciones que pueden ejecutar los seres vivos. “Principios” indica que son el origen de donde nacen tales actos. “ Próximos” señala que no son como la vida, principio remoto, sino cercanos a ejercer determinados actos. “Potenciales” indica que no siempre actúan, sino que hay alternancia entre el actuar y el omitir la actuación. No conviene que actúen siempre, porque cansan y deterioran al órgano. Por su parte, que sean principios “de operaciones” insinúa que cada una ejerce distintos actos.