Dignidad y bioética

De Seminario de Antropologia
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¿ Es la dignidad un concepto inútil en bioética?

Diario Médico (31/12/2003)

Un editorial del número de Navidad del British Medical Journal cuestiona la aportación del concepto de dignidad a la bioética. Ruth Macklin, su autora, sostiene que es prescindible porque resulta enormemente vago y, en la mayoría de los textos, se refiere en realidad al respeto a la autonomía de las personas. DM ha pedido a varios expertos una valoración de esta tesis, que rechazan con ejemplos concretos de los daños que a la relación clínica y la distribución de recursos causaría el reinado único del principo de autonomía.

"Es un concepto vago que equivale a autonomía del paciente"

El número de Navidad del British Medical Journal incluye un editorial, firmado por Ruth Macklin, profesora de Etica Médica en el Albert Einstein College of Medicine, en Nueva York, bajo el provocador título de La dignidad es un concepto inútil.

Su conclusión es rotunda: "La dignidad es un concepto inútil en la ética médica y se podría eliminar sin que ésta perdiese contenido". El motivo es que en el Convenio de Bioética del Consejo de Europa y otros textos internacionales sobre derechos humanos el término dignidad "no parece tener más significado que el principio ético de respeto por la personas: la necesidad de obtener el consentimiento libre e informado; la exigencia de proteger la confidencialidad y la necesidad de evitar prácticas discriminatorias y abusivas".

El concepto se usó con profusión en las discusiones sobre el ensañamiento terapéutico de los años 70, que llevó al desarrollo de leyes sobre testamento vital. Macklin hace notar que cuando esas normas apoyan el derecho a establecer voluntades anticipadas en la dignidad, en realidad quieren decir autonomía.

Otro tanto ocurre con el uso de pacientes recién fallecidos para que los estudiantes de Medicina practiquen procedimientos como la intubación. Macklin subraya que esta práctica se censura apelando a la dignidad, pero sostiene que ésta no puede predicarse del cadáver, por lo que esta vez el término se usa pensando en los sentimientos de los familiares.

El análisis de textos sobre clonación y genética de organismos como el Consejo Asesor en Bioética de Estados Unidos o el británico Nuffield Council on Bioethics confirman su conclusión: dignidad es un término que se emplea con una profusión que llega al abuso, pero es sinónimo de autonomía o, simplemente, tan vago que su omisión no alteraría el sentido.

"Es la base y fundamento protector de todos los derechos"

Carlos de Sola, jefe de la Unidad de Bioética del Consejo de Europa -organismo redactor del Convenio de Bioética- subraya que "la dignidad es, ante todo, un concepto básico de la ética secular, que reconoce a todo ser humano un valor intrínseco por el hecho mismo de ser humano. Así, la dignidad, más que un derecho, es el fundamento mismo de todos los derechos, como reza la Declaración universal de derechos del hombre".

Y si hay algún concepto del que se puede predicar la utilidad es precisamente éste: "En la esfera legal, la dignidad cumple un doble papel: puede limitar los derechos individuales (así como las actuaciones del Estado) y puede servir de base a formas de protección del ser humano que no se traducen en derechos subjetivos. Ejemplo de lo primero es la prohibición, en Europa, de la venta de partes del cuerpo humano por considerarla contraria a la dignidad (mientras que el mercado de óvulos florece en América). Un ejemplo de lo segundo: se puede reconocer dignidad al ser humano antes incluso de ser persona y, por tanto, antes de reconocerle derechos jurídicamente ejercitables. La prohibición que recoge el Convenio de Oviedo del Consejo de Europa de crear embriones humanos con meros fines de investigación, ¿no se basa acaso en el concepto de dignidad humana y en el principio de que al ser humano, incluso embrionario, no se le ha de tratar como mero instrumento? Si no existiese tal concepto, ¿cabría una limitación en este caso al principio de autonomía de los progenitores y al de libertad de investigación?".

Aunque "se puede discutir si un acto determinado es o no contrario a la dignidad del hombre, la falta de consenso sobre la aplicación de un concepto en determinada situación no supone que éste sea inútil o insignificante en general", apunta De Sola, quien se pregunta "si tras los argumentos de falta de claridad y de operatividad de la noción de dignidad no se trasluce la reivindicación ideológica de la autonomía del paciente/consumidor como criterio único y absoluto de la ética biomédica: sólo lo que yo quiero y todo lo que yo quiero. El principio de autonomía se convierte así en dogma sin restricciones. Por legítimo que sea el principio, yo no abrazaré el dogma".

"Da igual valor a todos; no así la ética del respeto por la autonomía"


Gonzalo Herranz, director del Departamento de Humanidades Biomédicas de la Universidad de Navarra y vicepresidente de la Comisión de Etica del Comité Permanente de Médicos Europeos, apunta que "en ética médica, el de dignidad humana es un concepto que, aunque muy mal utilizado, no tiene un pelo de inútil. Posee, a mi parecer y en exclusiva, un sentido ético-médico más amplio y profundo, y también más preciso y exigente, que el de respeto por la autonomía de las personas".

Herranz concreta que la dignidad "se refiere a la actitud básica de aprecio que el médico ha de tener por la valía de todos los seres humanos, de cada uno, sin excepción, por dañados que estén en su cuerpo o en su alma por la enfermedad, la vejez o la locura, por inmaduros que estén en su desarrollo. Es esa universalidad sin fisuras lo que el concepto de dignidad añade al de respeto por las personas: éste es, en el contexto dominante de la ética utilitarista, un concepto selectivo, remilgado, casi aristocrático, que excluye y expulsa de la familia humana a los biológicamente pobres o a los no deseados. En la ética de la dignidad todos valemos igual: no así en la ética del respeto por la autonomía".

"Renunciar a ella supondría eliminar la justicia de la asistencia" Rogelio Altisent, director del Instituto de Bioética y Ciencias de la Salud de Zaragoza y vocal de la Comisión Central de Deontología de la OMC, recuerda que "el término dignidad humana expresa al menos dos ideas prevalentes. La primera, un valor intrínseco común a todo ser humano del que se deriva entre otros, pero no sólo, el imperativo moral del respeto a la autonomía; el segundo, el valor de la calidad de vida derivada de ciertas circunstancias (por ejemplo, cuando se habla de vida o muerte digna en la enfermedad terminal)".


"Tradicionalmente se ha razonado la inmoralidad de la esclavitud a partir del concepto de dignidad humana. Una razón decisiva para fundamentar este juicio es que toda persona desea ser libre y la esclavitud sería una violación de la autonomía de las personas. Ahora bien, ¿qué ocurriría si algunas personas aceptaran vivir en esclavitud, porque así viven mejor o por la razón que fuere? Muchos seguimos pensando que la esclavitud no es aceptable ni siquiera en tal caso. Fundamentar esta posición moral exige algo más que el respeto a la voluntad de las personas y aquí es donde nos damos de frente con el concepto de dignidad humana, un núcleo de valor congénito ligado al hecho de pertenecer a la especie humana y por tanto igual para todos (el primer sentido del término). Este valor no está sometido a las cualidades o circunstancias del individuo (belleza, inteligencia, salud, nacionalidad, nivel social, edad, etc.) y ni siquiera puede sufrir merma por su conducta voluntaria (hasta el más depravado de los hombres tiene derechos fundamentales)".


Esta concepción tiene consecuencias asistenciales relevantes: "Por ejemplo, la importancia que para el profesional sanitario tiene la valoración de las necesidades reales en personas que no pueden ejercer su autonomía, lo cual se suele dar precisamente entre las más débiles, que ni siquiera tienen voz para negociar ni para defenderse, mientras otros expresan y exigen necesidades sentidas que no siempre son reales".


En este sentido, "definir el alcance de los derechos que se enraízan en la dignidad puede ser una cuestión discutida en el ámbito de la ética filosófica, pero prescindir de la dignidad humana en su acepción más fuerte, que nos hace a todos radicalmente iguales, sería renunciar a la justicia. Algo así como resignarse a que el pez grande se coma al chico".

Un encendido debate 'on line'

El editorial de Ruth Macklin en el British Medical Journal ha generado un vivo debate en la edición on line de la revista, en el que no faltan posturas encontradas. Arthur Caplan, director del Departamento de Etica Médica de la Universidad de Pennsylvania, alaba el editorial: "La dignidad no es un concepto carente de significado, pero sí engañoso. Si tratas de concretar qué propiedades se derivan de ella, no encontrarás gran cosa. La dignidad es una creación moral, es el estatus que unos agentes morales conceden a otros. Se otorga, pero no se posee de modo inherente. Por ejemplo, nosotros -agentes morales autónomos- decidimos tratar a nuestros semejantes como merecedores de ciertos actos y que sobre ellos no podamos hacer ciertas cosas, como no comer a los muertos, experimentar en quienes sufren estado vegetativo persistente o vender los restos de un cadáver".


No comparte el entusiasmo por el editorial Jayson Rapaport, jefe del Departamento de Nefrología del Centro Médico Kaplan, en Israel:"Me ha confirmado que, con frecuencia, quienes enseñan ética carecen de contacto real con la práctica asistencial diaria".


"En mis 30 años de profesión me he topado con la dignidad humana constantemente y espero que se note en mi trabajo. Soy consciente de ella cuando hablo al paciente y sus familiares en un lenguaje que puedan entender; cuando le digo a un paciente que tendrá que pasar el resto de su vida en diálisis; cuando trato de convencerle de que, aun cuando ya no podemos hacer nada más, la vida merece ser vivida; cuando trato igual a pacientes ricos y pobres, del seguro o privados, cristianos, judíos o musulmanes".