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El conocer en el enamoramiento

De Seminario de Antropologia

El conocer humano


Presentación.- Ha comenzado el Adviento, tiempo de espera, de impaciente espera, de creciente esperanza. Esta es la experiencia del tiempo de Dios. “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su hijo, nacido de mujer” (Gál. 4,4). En la plenitud de los tiempos Dios hará “que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef. 1,10). Es en la plenitud de los tiempos cuando nos encontramos con Dios.

EL CONOCER EN EL ENAMORAMIENTO

Existe un adagio que dice “no se ama lo que no se conoce”

Si el enamoramiento es un don activado del “ser enamorado”, el don es independiente del “conocer según objeto”, también lo es del hábito de sabiduría, porque éste es inferior al acto de ser persona, y es la persona la que recibe el don del enamoramiento.

El conocer en el enamoramiento – el del enamorado - , tampoco es identificable con el conocer del “Entendimiento agente”, que es segundo en el acto de ser persona, en cuanto al acto, por que ser persona es el “quien”, la persona en acto.

El enamoramiento lo que hace es “intensificar luminosamente” al entendimiento agente, porque el conocer del enamoramiento es “un conocer amante”, en el que el conocer es segundo al amor.

Como el enamoramiento es un don y es un don amoroso y de naturaleza amorosa, el conocer es segundo, luminosamente activado por el enamoramiento.

Ello explica que el “conocer en general” en la persona enamorada, adquiera unas cualidades inauditas que producen asombro, por que el ser, el mirar, el sentir, el pensar, etc. queda notablemente enriquecidos por algo que las trasforma; es como si la plata pasara a la categoría de oro, ambos metales preciosos pero de valores distintos.

Si somos semejantes a Dios, porque Él nos hizo a su imagen y semejanza, y Dios es Amor, nuestro conocer será un amante conocer, será el amor el que nos permita un conocer amoroso, apasionadamente amante; el amor sigue siendo primero.

El adagio “no se ama lo que no se conoce” sería cierto si el trascendental “conocer irrestricto” fuera superior al “amor donal”, pero ello supondría afirmar que la semejanza que Dios nos regala al hacernos semejantes a Él, sería si Dios fuera “conocer” y Dios es AMOR.

Ahora adquiere pleno sentido que el Profesor Leonardo Polo añada el “donal” a la palabra amor, por que Dios nos ama dándose y nuestro progresivo conocer de Dios no es primariamente consecuencia del conocer según el hábito más alto, el entendimiento agente, sino consecuencia de nuestra progresiva elevación divina en el amor, que nos hace semejantes a Él.

En este tema San Agustín va “por delante” de Santo Tomás.

(Resumen de uno de los capítulos del libro manuscrito sobre el “El enamoramiento como un nuevo trascendental personal”, del Dr. Gerardo González)

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