2014, con el corazón y los ojos abiertos - Donaciones por transferencia o con Paypal

La historicidad humana y las etapas de la vida

De Seminario de Antropologia
Saltar a: navegación, buscar
Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Las dualidades de la historicidad humana

En cuanto a la vida natural humana, el hombre no es un ser meramente temporal, sino histórico, aunque por ser personal tampoco se reduce a ser histórico. En su naturaleza no es un ser exclusivamente biológico sino biográfico, aunque tampoco es reductible a su biografía. El tiempo mide la vida de los seres inertes inexorablemente. En los seres vivos se observa, en cambio, una tendencia a vencer el tiempo. En efecto, si lo distintivo de los seres vivos es el crecimiento, el ser vivo no pierde el tiempo mientras crece, pues aprovecha el tiempo a su favor. En efecto, le va bien que haya tiempo porque éste le permite crecer, desarrollarse. Los seres vivos vegetales y animales sólo crecen en la medida en que ese creci-miento afecta a su organismo. Además, tal crecer termina temporalmente (en unos antes, en otros después), y queda truncado definitivamente con la muerte. De mo-do que, en rigor, tales seres no se pueden liberar del tiempo.

Por el contrario, en el hombre el crecimiento corporal no es el único modo posible de crecer. Obviamente el ser humano crece corpóreamente, pero hay cre-cimiento también interno, y sólo para quien crece por dentro el tiempo no ha co-rrido en balde. Es claro que el hombre no se limita a conducirse de un determina-do modo, como los animales, sino que con su inteligencia se comporta libremente a lo largo del tiempo, y con ello mejora. Ese tiempo humano es, pues, biográfico. ¿Qué significado tiene ese comportamiento? Que la vida de los hombres no está determinada, sino abierta en la dirección que le quiera imprimir la libertad perso-nal de cada quién. Así se fragua la historia. La historia no es necesaria (según un destino ciego, el azar, unas supuestas leyes dialécticas, etc.), sino libre. Ésta con-siste en el modo de estar del hombre en el tiempo, no en su modo de ser. Al fraguar con libertad la historia, el hombre pasa por diversos estadios de su vida natural, no de su vida personal.

A la persona como persona no la mide el tiempo físico. Existen diversos tipos de tiempo: uno es el físico y otro el del espíritu humano. El tiempo del espíritu es tan distinto al tiempo físico que para quien sólo tenga en cuenta el tiempo que mide las realidades corpóreas hay que decirle que la persona humana no es tiempo sino que está en el tiempo. El hombre tiene tiempo, pero, en rigor, no es tiempo. La persona como persona no es niña, joven, madura, etc. El hombre, en cambio, sí. La persona tampoco envejece o muere. Lo que envejece y muere es su naturaleza corpórea. Todos los hombres son personas, pero la edad no hace a unos más personas que a otros. En caso contrario habría que admitir que es más persona un viejo de 90 años que un niño de 9, lo cual es absurdo. Algo de eso percibió Marcel cuando escribió que el ser del hombre no es su vida, pues puede tomar distancia respecto de ella y evaluarla: “en el seno del recogimiento tomo posición, o más exactamente, me pongo en situación de tomar posición frente a mi vida, me retiro en cierto modo..., en esta retirada yo llevo conmigo lo que soy y lo que quizá mi vida no es. Aquí aparece el intervalo entre mi ser y mi vida” .

Pese a la brevedad de la vida, se pueden distinguir, de ordinario, algunas etapas. Este es el tiempo que mide a la corporalidad humana, aunque no es ni el único tiempo humano ni el más destacado . En efecto, a pesar de no reducirse la persona humana al tiempo, su naturaleza, según la va modulando el yo, pasa por una serie de fases. Un célebre pensador del s. XX, Guardini, las explica en un libro breve al que titula precisamente Las etapas de la vida . En él aparecen des-cripciones muy acertadas acerca de las diversas fases por las que transcurre la vida biográfica de la mayor parte de los hombres. Distingue los diversos periodos por los que atraviesa la vida usual humana (al margen de las variantes propias de cada persona), oscilando esas fases entre épocas de esplendor y otras de crisis. Se puede ofrecer el elenco que aparece en el Apéndice nº 2. A continuación se pasa a la enumeración de ellas según un cuadro esquemático. Para su descripción se puede acudir a la citada obra de Guardini.

LAS DUALIDADES USUALES DE LA VIDA BIOGRÁFICA HUMANA

PERIODOS ÁLGIDOS EDAD PERIODOS DE CRISIS EDAD
La vida en el seno materno 0-9 meses Crisis del nacimiento Tras 9 meses
La vida de infancia 1-12 años La adolescencia 13-15 años
La juventud 16-25 años Crisis de la experiencia 26-30 años
La mayoría de edad 31-39 años Experiencia de los límites 40 años
Aprender de los límites 41-50 años La dejación 51-60 años
La época del saber 61-70 años La ancianidad 70 años
La espera senil 71-80 años La muerte Tras los 80