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Los primeros enfoques antropológicos

De Seminario de Antropologia
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Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Desde que el hombre es hombre ha pensado en su sentido personal. Por lo menos, se ha planteado los temas de su origen y de su fin, los dos más relevan-tes para el pensar. Sin embargo, no tenemos desde entonces testimonios filosóficos escritos de ello, aunque sí relatos certeros de otra condición. Los textos filosóficos que disponemos acerca de esos asuntos aparecieron por primera vez, como se sabe, en la Grecia clásica. Existían, previos al tratamiento filosófico de esos temas, diversos tipos de saber acerca del hombre como el religioso, el mito, la magia y la técnica, que no son ciencia y son distintos del saber filosófico.

Al margen del saber religioso, lo peculiar de los otros tres saberes anti-guos, mito, magia y técnica, es que son saberes prácticos, es decir, que se desarro-llan con vistas a alguna utilidad. El mito es un modo de saber práctico. Para notar este extremo se puede aludir al ídolo, tan característico del mito, y que tantos re-sortes prácticos ha movido en las religiones. Recuérdese que se recurría a las dei-dades míticas griegas, por ejemplo, para solucionar problemas ordinarios de todo tipo. Con su formulación el mito pretende dar razón de los sucesos de la vida cotidiana y evitar que los problemas que de ella se derivan queden sin sentido, y en consecuencia, que permanezca el hombre perplejo ante ellos. La magia también es un saber práctico, porque intenta solucionar las necesidades y requerimientos con que se debe enfrentar la vida humana de todos los días. Asimismo la técnica es un modo de saber práctico, porque se desarrolla en orden a la mejora de las condiciones del bienestar humano.

A su vez, podemos encontrar el carácter distintivo que mantienen entre sí esos saberes prácticos de la antigüedad. El mito es el modo de saber que pone el fundamento en el pasado. Según el saber mítico, lo importante ya pasó. Lo que sucede ahora -viene a decir el mito- es pura consecuencia de aquél hecho ancestral de cuya deuda no acabamos de librarnos. A su vez, para el mito el destino se ve como un retorno al pasado. De ahí que se tenga una idea cíclica del tiempo y que se ceda a la imagen del eterno retorno. Por su parte, la magia es el modo de saber que pone el fundamento en el lenguaje y fija su mirada en el futuro históri-co. Lo importante es vencer, ganar, de cara a seguir viviendo el día de mañana -vendría a decir la magia-; y para vencer los obstáculos, los poderes ocultos que impiden esa supervivencia, se tiende a realizar una serie de sortilegios usando de conjuros lingüísticos. De ese modo, para la magia el destino es futuro. Por su lado, la técnica es el modo de saber que pone el fundamento en el presente. Se trata de mejorar nuestros instrumentos de trabajo, de producción, a fin de que las condiciones de vida actuales sean mejores en la sociedad en que nos ha tocado vivir. En consecuencia, para la técnica el destino queda relegado por fijar en exceso su atención en el presente. Como se puede apreciar, de esos tres, nuestra sociedad actual prima al saber técnico. Que en nuestros días la sociedad mira más al presen-te que al futuro se puede apreciar hasta en las cuentas corrientes de los particulares, en las que los gastos igualan, cuando no superan, a los ingresos… Por eso, es manifiesto que los estados no esperan a cotizar de los contribuyentes después de que éstos dispongan de su entero salario y satisfagan sus "necesidades", pues es claro que en ese caso no dispondrían de modo neto, como ahora, de más de un 35%.

El carácter distintivo de la filosofía respecto de las precedentes formas de saber estriba en que ésta es un modo de saber teórico, es decir, que se ejerce y valora como fin en sí, no con vistas a una utilidad o ganancia práctica ulterior, es decir, no busca directamente resultados externos, pues el beneficio -y abundante- es principalmente interno . Es decir, se filosofa por filosofar. Se piensa por pen-sar. Pensar es fin en sí, y por ello, una actividad felicitaria. La riqueza, el tesoro que se consigue pensando, descubriendo grandes hallazgos, no es un producto o resultado externo al pensar, sino que es inherente a él; se queda o permanece en él. Un filósofo que esté más preocupado por su salario que por lo que aprende y des-cubre suele acabar dejando la filosofía y dedicándose a otras actividades más lucrativas. Algo similar sucede con el amor personal. Se ama por amar. No se ama por dinero, poder, placer, etc. Tal actitud supondría malbaratar lo mejor por lo menos valioso. Se es feliz amando y basta. Amar también es fin en sí. En sus orígenes la filosofía fue el modo de saber teórico que, a distinción del mito y de la magia, ponía el fundamento en el presente. En eso se parecía a la técnica, pero se distinguía de ella en que no era un saber práctico, sino teórico, y por tanto, fin en sí, esto es, no pragmático o instrumentalizable. Se usa la técnica no por ella misma, sino en vistas a lograr un bien práctico mejor que ella. En cambio, el saber es fin en sí. Se sabe teóricamente por saber, no para otro asunto menor. En suma, la filosofía comenzó su andadura diferenciándose de los precedentes tipos de saber, porque ponía el fundamento que indagaba en presente, es decir, asistiendo éste al hombre ahora, e investigaba, además, sobre él de modo teórico .

En los epígrafes consecutivos se sigue el esquema que se expone en el siguiente Apéndice.

LAS CLAVES ANTROPOLÓGICAS DE LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
ÉPOCA HISTÓRICO-FILOSÓFICA CLAVE ANTROPOLÓGICA
Filosofía antigua Tener
Cristianismo Persona
Edad Media Ser
Baja Edad Media Humanismo y Renacimiento - Obrar práctico
Edad Moderna Operatividad racional
Edad Contemporánea Operatividad volitiva
Últimas corrientes Obrar productivo