Reflexiones a la Antropología Trascendental de Leonardo Polo

De Seminario de Antropologia
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Presentado en el simposio internacional sobre la filosofía de Leonardo Polo.

Málaga, 8 de febrero de 2014

Gerardo González


REFLEXIONES PERSONALES, A MODO DE SUGERENCIAS, REFERIDAS A LA ANTROPOLOGÍA TRASCENDENTAL DEL PROFESOR LEONARDO POLO

I

En presencia del profesor Sellés, en un momento determinado le pregunté al profesor Polo qué características tenían que estar presentes en una realidad, para que esa realidad tuviera carácter de trascendental personal. El profesor Polo no me contestó.

Para mí la respuesta es clara: tiene que ser una realidad que se pueda predicar como trascendental tanto de las Personas Divinas, como de las angélicas y de la persona humana.


II

En un pasado relativamente reciente le comentaba al profesor Sellés que había llegado a la convicción que el trascendental coexistencia y el trascendental libertad eran el mismo y único trascendental: coexistencia libre. Me dijo que el profesor Polo estaba pensando del mismo modo. El tema se ha confirmado, ya que los en los trabajos más recientes sobre Leonardo Polo ha desaparecido dicha distinción.

Algunos autores continúan manteniendo la distinción entre el trascendental coexistencia y el trascendental libertad, como sostiene el profesor Juan A. García.


III

En su día me llamó la atención la ausencia en su Antropología Trascendental, tanto en el libro sobre la Persona, como en el de la Esencia Humana, la ausencia de una reflexión, de una mención relativa a la experiencia del enamoramiento, experiencia realmente transformante.

Tampoco en la obra de Polo existen reflexiones elaboradas acerca de este tema.


IV

Sobre el enamoramiento.- La persona es libertad. El hombre, generalmente siempre ha sido pensado como libre. Por la libertad han muerto, mueren y seguirán muriendo personas por defenderla.


V

Enamoramiento y libertad.- Lo que me llamó la atención profundamente en relación con el tema del enamoramiento, fue que en el enamoramiento la libertad no comparece, no está presente; que el enamoramiento no es electivo, es “sorpresivo”, es algo que me sorprende, que me acontece. Supone una notable transformación; algunos autores piensan que llega a ser una auténtica trasformación ontológica.

Julian Marías afirmaba que enamorarse no quiere decir dirigirse hacia la persona amada, sino que la persona de quien uno se enamora pasa a ser el proyecto personal del enamorado, ya que sin ella realmente el enamorado no se siente él mismo “sin ella, ya no soy yo”.


VI

¿Dónde se da la experiencia del enamoramiento? Existen dos posibilidades, que sea en la persona o que sea en su esencia.

Para mí es evidente que el enamoramiento se da en la persona, porque el que se enamora es un quien y del que se enamora es también otro quien. (La esencia no puede remitir a algo superior a ella)


VII

Si el enamoramiento no es electivo, si es algo que me sorprende, la pregunta sería ¿de dónde procede o cual sería el origen del enamoramiento?

Para mí la respuesta es que el enamoramiento es un don.


VIII

Origen del don. El origen tiene que ser personal, pero es evidente que una persona humana no puede donar a otra persona humana el enamoramiento, si lo pudiera hacer, esa persona sería de alguna forma superior a la de la que se enamora y, eso no existe. Tampoco las personas angélicas pueden ser dadoras; ellas aparecen como embajadoras del amor. El enamoramiento es un don de las Personas Divinas.


IX

Mi propuesta: “El ser enamorable” es un trascendental personal, presente en la persona humana, en las personas angélicas y en las Personas Divinas.


X

Cuando le planteé al profesor Polo estas ideas, en las primeras conversaciones siempre identificaba enamoramiento y amor. Fueron necesarias varias entrevistas para que pudiera distinguir el ser enamorable del amor como tarea, ya que la persona humana es vocacional.

Esta dificultad que encontré en el profesor Polo para que distinguiese entre enamoramiento y amor, la he seguido encontrando, inicialmente, en aquellas personas con las que he comentado este tema.


XI

El profesor Polo afirma que la persona humana es un “Espíritu encarnado”.

En relación con esta afirmación hay que distinguir entre lo que yo llamo la antehistoria, la intrahistoria y la meta historia. (No podemos olvidar que la Antropología Trascendental es trascendental porque remite a una meta historia)


XII

El primer enamoramiento. Lo encontramos en la antehistoria, cuyo contenido es revelado: (Ver Génesis, Creación de Adán, su insuficiencia en soledad, la compañía que se le ofrece y su exclamación cuando descubre a Eva. No sabemos lo que Eva contestó, pero sí sabemos que Eva le aceptó).

Es, como ya se ha dicho, la primera experiencia de la que tenemos conocimiento, con un testigo excepcional, el mismo Dios.


XIII

El episodio de la manzana.- Seguimos en el Génesis: La naturaleza caída, la pérdida de los dones preternaturales, lo que Dios le dice a la serpiente, lo que le dice a Eva, lo que le dice a Adán y la afirmación final de Dios: “Y además moriréis”. En ese momento se inicia la intrahistoria.


XIV

La intrahistoria.- Está enmarcada en dos hitos únicos, seguros e irrepetibles, el nacer y el morir; entre ellos dos trascurre toda vida personal intrahistórica y en ella se da el enamoramiento humano, condicionado en sus manifestaciones, por la naturaleza caída.


XV

El espacio y el tiempo.- La intrahistoria es espacial y temporal. Existe un espacio cósmico y un espacio humano y también un tiempo cósmico y un tiempo humano.


XVI

La persona humana intrahistórica es vocación. A la persona le corresponde el responder libremente a ella. Dependiendo de su respuesta, la persona culminará en su radical necesidad de “felicidad total” y en la pretensión del “para siempre”.

Lo otra posibilidad es que la persona malogre su destino.


XVII

¿Qué aporta el enamoramiento? En la encíclica Deus caritas est, en la primera parte, Benedicto XVI hace una serie de reflexiones sobre el amor. Comenta como a los cristianos se les hizo responsables de haber matado al Eros, quedándose solamente con el Agapé.

Cita un librito de Pseudo Dionisio el Areopagita, cuyo título es “Los nombres de Dios”. En él se habla de un “Eros divino”. Sobre él reflexiona el Santo Padre.

El eros es consustancial con el ser enamorable ya que el eros aporta el “apasionamiento”, el que el enamoramiento sea apasionado.

Afirmo que Dios es el eterno enamorado.


XVIII

La activación del ser enamorable es el enamoramiento. Si éste es compartido, surge a una realidad nueva, ésta sí en el ámbito de la libertad: el amor humano como tarea, en el que persiste el enamoramiento, aportando su carácter apasionado...

Puede “sonar” que el ser enamorable sea una potencia a diferencia del amor en acto, pero ese posible carácter potencial sólo lo encontramos en la intrahistoria, como consecuencia de la escisión, como veremos más adelante.


XIX

Cuando el enamoramiento y el amor se hacen realidad unitaria, el amor siempre será creciente porque el carácter apasionado del eros será permanente activación del amor.


XX

El profesor Polo, cuando describió los cuatro trascendentales de la persona, comentó que no descartaba que pudieran existir otros trascendentales. Parte del contenido de mis reflexiones, tiene como objeto proponer el ser enamorable como un trascendental personal.

Para eso habría que distinguirlo del amar y de cualquier activación y elevación del amar. Mi respuesta a esta argumentación es que ni es activación ni es elevación, es que el amor tiene que ser apasionado.


XXI

Si Dios se autodefine como amor y Él nos hizo a su imagen y semejanza, en la meta historia los trascendentales coexistencia en libertad, conocer irrestricto y “amor donal”, a mi entender quedarán reducidos solamente a único trascendental que es el amor, ya que los otros trascendentales son “segundos” al amor radical, en el que la persona humana se verá inmersa por don gratuito, lo que de alguna forma explicaría la afirmación de San Pablo de “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mi”.

En la intrahistoria la persona humana puede experimentar esta realidad, dando lugar al “que muero por que no muero”


XXII

El ser dual. En la Antropología Trascendental Leonardo Polo define a la persona humana como un ser dual. Afirmación que fue extensamente analizada en el libro “El hombre como ser dual” de Salvador Pía Tarazona (EUNSA)


XXIII

Pienso que el tema de las dualidades, en el hombre intrahistórico, no se puede entender si uno no se pregunta por el origen de las mismas.

A mi entender lo esencial no son las dualidades, sino la realidad de que la persona humana intrahistórica es “escindida”.


XXIV

Creo que no se ha reflexionar lo suficiente sobre lo que implica que el hombre intrahistórico sea un ser escindido.

Si la persona humana es dual, dicha dualidad debería desaparecer en la meta-historia, ya que lo uno es superior a lo dual y Dios es el Uno, el Único y a las personas angélicas como la persona humana les corresponde la unidad por participación; por consiguiente sólo se puede afirmar que el hombre es un ser dual en su situación intrahistórica, explicable en su origen por el carácter escindido de la persona humana dentro de la intrahistoria.

Lo creado es compuesto y la criatura humana no deja de serlo en el cielo. Pero lo compuesto no es igual a lo escindido. La escisión se da en la naturaleza del compuesto.

Creo, como ya he ha dicho, que una reflexión profunda acerca de la escisión ampliaría el notablemente el horizonte de la antropología trascendental.


XXV

La escisión reparada. La persona de Cristo, persona divina, que asume en plenitud la condición humana, en su actuación redentora repara la escisión, devolviéndole al hombre la unicidad primera, que es compuesta, pero no escindida, para ser en plenitud hijo de Dios.


XXVI

Nos es realmente difícil, por no decir imposible, pensar la antehistoria y la meta historia en términos que superen la temporalidad y la espacialidad, por ello no se puede identificar meta historia con un después temporal, ni la antehistoria con un ayer temporal. La historia no puede ser completamente heterogénea respecto a la antehistoria y la metahistoria ya que el carácter de la intrahistoria es, como ya he afirmado, escindida.

Tanto la antehistoria como la meta historia nos son dadas en su contenido por revelación y la persona humana, dotada del don de la fe y del don de la esperanza, puede adentrarse en el ámbito del misterio.


XXVII

La antropología trascendental nos remite a la meta historia. Poco sabemos de ella: “ habrá un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis: 21, 1-4); “ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón del humano pudo imaginar lo que Dios ha preparado para aquéllos que le aman" (1Cor. 2, 9); esto nos permite poder “barruntar”.


XXVIII

En el último libro de Leonardo Polo que lleva por título Epistemología, Creación y Elevación en el capítulo IV: La creación del ser humano, en el apartado Afectividad y dentro de éste en el apartado número dos titulado Algunas dimensiones de la esencia humana, se dice: “Otro de los afectos positivos, que en cierto modo coronan la admiración, es el enamoramiento. Enamorarse no es exactamente lo mismo que amar. Enamorarse acompaña al amor y se concentra en él. Pero el amor no es un afecto sino un acto personal. Por ser un afecto de alto nivel es despertado por una persona y, sobre todo, por Dios. Actualmente se habla poco de enamorarse, sobre todo, porque la sexualidad se reduce a un aspecto fisiológico, a un tipo de placer que no está en el orden espiritual, sino en el sensible. Por analogía se puede hablar de enamoramiento cuando se trata por el interés de una verdad o un bien. Si no se encuentra la verdad es difícil enamorarse.

Admirarse y enamorarse se pueden entender como encuentros, pues la verdad, además de ser una adecuación de la mente con la realidad, se encuentra a través de la admiración. Por eso se puede decir que enamorarse es encontrarse con el “verdadear” de lo amado. Asimismo enamorarse tiene una connotación de exclusividad. Así se explica la monogamia o el celibato cuando acontece enamorarse de Cristo.”

En relación con esta cita de Leonardo Polo hago los siguientes comentarios: En las conversaciones que tuve con el profesor, actualmente recogidas y editadas por el Instituto de Estudios Filosóficos Leonardo Polo, le hice ver parte del contenido de la cita anterior y me alegro que quede recogida en ella.

Discrepo en la afirmación de que el enamoramiento sea uno de los afectos positivos, que en cierto modo coronan la admiración. El afecto, los afectos, siempre son segundos ya que remiten a un origen concreto: en este caso el enamoramiento. Tampoco identificaría enamorarse con un encuentro, ni siquiera un encuentro fortuito, ya que enamorarse es un don personal, siempre sorpresivo nunca electivo. Es cierto que algunos encuentros pueden ser fortuitos y otros buscados, pero ni en unos ni en otros el azar es la respuesta.

Finalmente en la Antropología del profesor Polo echo en falta una reflexión acerca de la condición varón y mujer ya que una antropología no puede dejar de considerar esa doble instalación de la persona humana, a modo de varón o a modo de mujer. A mi entender la ausencia de dicha reflexión presenta una persona asexuada con mucho mayor riesgo de reducirla al sexo.

La persona humana, que es de naturaleza encarnada es dual y la reflexión acerca de esa dualidad sexual enriquece notablemente la condición de varón y mujer.